La luz que se encendió tres veces: la despedida de un abuelo

Un hombre que nunca creyó en fantasmas asegura que su abuelo se despidió de él de una manera imposible de olvidar: mientras estaba hospitalizado, la luz de su habitación se encendió tres veces.

Nunca he creído en fantasmas ni en situaciones paranormales. Siempre he sido una persona bastante escéptica y, cuando alguien me contaba una experiencia de ese tipo, buscaba una explicación lógica.

Por eso, durante mucho tiempo intenté encontrar una explicación para lo que ocurrió con mi abuelo.

En sus últimos años de vida vivíamos juntos. Tenía alrededor de ochenta y cuatro o ochenta y cinco años y había sido médico. Le gustaba quedarse despierto hasta tarde leyendo, aunque para entonces padecía demencia.

Algunas noches se levantaba de la cama y entraba en mi habitación. Encendía la luz y me llamaba:

—Julio.

Era el nombre de su hermano.

Yo le decía «Papá Carlitos», lo acompañaba de regreso a su habitación, encendía el televisor y trataba de ayudarlo a volver a dormir.

Con el tiempo, aquella rutina se volvió familiar.

Una noche, mi abuelo sufrió una caída después de salir del baño. Quedó en el suelo y la puerta terminó bloqueada. Un empleado lo encontró alrededor de las seis de la mañana.

Lo ayudamos como pudimos, pero poco después desarrolló una neumonía y tuvimos que llevarlo a la Clínica del Country, en Bogotá.

El médico nos explicó que estaba muy grave. Las opciones eran llevarlo a casa o intubarlo y drenarle los pulmones. Incluso con el procedimiento, no había garantía de que pudiera recuperarse.

Yo prefería llevarlo a casa. Una prima que estudiaba medicina pensaba que debíamos intentar el procedimiento. Finalmente, la familia estuvo de acuerdo con ella.

Mi abuelo fue intubado el domingo.

El miércoles pudieron retirarle el tubo porque ya estaba respirando por sí mismo, pero no despertaba. Pasaron el jueves, el viernes y el sábado y continuaba sin reaccionar.

La noche del sábado regresé solo al apartamento para quedarme cerca de la clínica. Comí algo, encendí el televisor y lo programé para que se apagara después de una hora. Luego apagué la luz de mi habitación y me quedé dormido.

En algún momento, el televisor se apagó.

Y entonces ocurrió algo que todavía no sé explicar.

La luz de mi habitación se encendió.

Me desperté de inmediato. Por un momento pensé que quizá había olvidado apagarla. Me levanté, la apagué y regresé a la cama.

Intenté volver a dormir.

Pero la luz volvió a encenderse.

Esta vez recordé a mi abuelo.

Recordé aquellas noches en las que entraba en mi habitación, encendía la luz y me llamaba por el nombre de su hermano.

Me levanté nuevamente y apagué la luz.

Regresé a la cama pensando que todo podía tener una explicación. Tal vez había algún problema eléctrico. Tal vez yo mismo había dejado algo encendido.

Entonces volvió a ocurrir.

La luz se encendió por tercera vez.

Ahí ya no pude evitar pensar en mi abuelo.

Miré hacia la luz y dije:

—No, no, no. Ya no más. Hay que dejar dormir.

La apagué, regresé a la cama y me cubrí completamente con las cobijas.

No volví a levantarme.

Al día siguiente fui a la clínica.

Mi abuelo tenía los ojos abiertos. Parpadeaba y, por un instante, tuve la impresión de que me estaba mirando. No podía hablar.

Estaba frío, así que lo cubrí. Mi papá había dejado una Biblia pequeña junto a él y comencé a leerle.

Antes de salir le dije que regresaría pronto.

Salí de la habitación durante unos minutos para entregar unos libros.

Cuando regresé al apartamento, mi prima me llamó.

—Apenas salió usted de la habitación, él murió.

La enfermera había salido a buscarme. Cuando regresó a la habitación, mi abuelo acababa de morir.

Me quedé pensando en las tres veces que la luz se había encendido durante aquella madrugada.

No puedo demostrar que haya sido mi abuelo. Tampoco sé cómo explicar que la luz se encendiera tres veces mientras él se encontraba hospitalizado.

Pero hay algo que todavía me cuesta ignorar.

Quizá aquellas tres luces fueron su manera de despedirse.

Yo sigo siendo una persona escéptica. No sé qué ocurrió aquella noche y no pretendo afirmar que haya una explicación sobrenatural.

Solo sé lo que viví.

Y desde entonces, cada vez que recuerdo aquella madrugada, me resulta imposible no preguntarme si mi abuelo encontró una manera de decirme adiós.

Sobre este relato Historia real basada en el testimonio de una persona que asegura haber vivido esta experiencia mientras su abuelo se encontraba hospitalizado. El relato recrea los acontecimientos desde su perspectiva y deja abierta la interpretación de lo ocurrido.

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